Nadie conoce a nadie…en realidad.
Ni siquiera a los que tenemos más cerca. A esa gente con la que convives, con la que trabajas, a la persona que amas, a tus amigos más intimos…
Puedes creer, llegar a pensar, estar seguro de que sabes cómo son, cómo reaccionarán ante una situación, qué dirán…pero luego, en el momento de la verdad descubres a ese otro “alguien”, al ser irracional, casi animal,que actúa de una forma que jamás habrías imaginado y aquello lo cambia todo.
Uno de los lugares donde más me sorprendo es en los cementerios, en los entierros. Desgraciadamente este año ya he asistido a unos cuantos y a pesar de ser un trago por el que a nadie le apetece pasar, resulta curioso el ver las reacciones de la gente, la forma en la que nos tomamos la muerte, cómo llevamos el duelo, cómo interactuamos con los demás en momentos como esos.
Desde las representaciones más aplaudibles y dignas de un premio de la Academia, con gritos, llantos y besos al féretro cuando sabes en realidad que detrás hay una historia que no queda reflejada en absoluto con semejante teatro, hasta el dolor más intenso y sincero que alguien pueda llegar a sentir transmitido sin lágrimas, sin palabras, sólo con una mirada, un gesto…
Y es que cada uno llevamos el duelo a nuestra manera, unos necesitan de los gritos, los sollozos y los “ay señor! por qué te lo has llevado!?”, otros lo llevan en silencio, por dentro, con lágrimas quietas y calladas…
Cada cultura y cada religión acepta este paso, obligatorio para todos, de una forma diferente.
Para los budistas la muerte no es más que tránsito, no es un final sino un cambio. Para los cristianos es un paso hacia la eternidad. Los hinduistas creen en la transmigración del alma… el caso es que creamos en algo o no todo nos lleva a la misma situación.
Si no sabemos con seguridad lo que hay al final, ¿sirve de algo pasar nuestra vida creyendo en algo que no podemos demostrar? ¿en algo que no sabemos si es verdad? y ¿por qué creemos en otras vidas o la inmortalidad, por ejemplo? ¿porque nos reconforta? ¿disfrutaríamos menos o más de la vida si no creyéramos en eso? ¿que haya algo más tras la muerte le da a la vida más o menos valor?