El valor de la palabra

Published 25 octubre, 2011 by Ohdiosa

¿Alguien sabe a cuánto están hoy en día las palabras?

Antes la palabra era lo más valioso que podía poseer un hombre, lo era todo, y en ocasiones el incumplimiento de una promesa que había hecho empleándola como único resguardo conllevaba la muerte.

Ahora resulta que la palabra, mi palabra, no vale nada. Nada.

¿Cómo ha podido devaluarse algo tan preciado?

Published 15 octubre, 2011 by Ohdiosa

Nadie te habla del miedo, nadie te avisa de qué sucederá cuando aparezca.

De cómo un día llega y se aferra a ti, en lo más profundo, anida en tus vísceras y permanece, dormido, hasta que llega el momento. Su momento.

Todo lo que aprendiste no sirve entonces para nada. Su fortaleza reside en que es capaz de dominar tu mente, tu cuerpo y tus emociones hasta el punto de anular todos los demás sentimientos. Y el sentido común,en el caso de que lo poseas.

No hay nada escrito sobre cómo actuar cuando aparece. Ni cómo librarte de él.

Sólo tienes dos opciones cuando el momento llega. Abandonarte a él y dejarte llevar o luchar con todas tus fuerzas, en una batalla a base de golpes al aire, con la esperanza que alguno de ellos lo alcance y lo tumbe.

Me pregunto cuál es su cometido, además de mantenerte despierto noches enteras.

Me pregunto cuántos como yo o como tú perdieron la batalla, si hay alguien que la ganó alguna vez y cuál es su secreto.

 

Sangre, sudor y lágrimas

Published 7 agosto, 2011 by Ohdiosa

Domingo. Cinco de la tarde. Mientras me fumo un cigarro sentada en un banco junto a mi casa veo a dos niñas a lo lejos bajar corriendo la calle. Pienso que aquello con estas temperaturas y este sol es una locura y que el juego al que deben estar jugando debe ser realmente increíble.

Se acercan y cuando están a mi altura, ahora caminando aunque a paso rápido, las observo con curiosidad, no tendrán más de 7 u 8 años, vestidos de algodón de colores, una de ellas está algo roja, como si hubiese llorado, y escucho su conversación.

-…pero tu madre ahora estará durmiendo la siesta…

- no te preocupes, cuando le diga que “el Cris” ha vuelto a pegar a tu madre se despertará y vendrá a ayudarnos..

 

Las palabras salen de sus pequeñas bocas pero con una firmeza y una seriedad como la de dos personas adultas.

 

Demoledor.

De sueños y palabrería…

Published 4 agosto, 2011 by Ohdiosa

Sueño mucho. Tanto despierta como dormida. Hace un par de años comencé una tarea algo peculiar, apuntar en unos pequeños cuadernos todo lo que soñaba por las noches.  A veces sólo recuerdo una imagen, una palabra, un rostro. Sea lo que sea lo apunto y a veces incluso lo dibujo.

El caso es que revisando los cuadernos esta mañana me he dado cuenta de que de forma habitual sueño con palabras o frases sin sentido alguno para mí y que resultan ser lo único que recuerdo al despertar así que aquí las coloco, más por curiosidad que por encontrar respuestas…

- Nautilus

- No saldrás de aquí

- Las cosas antes de hacerlas hay que soñarlas

- Nadie te creerá

- Arsénico

- L’amour est aveugle.  (Sí, en francés)

- Presa fácil

- la llave del mundo

- utopía

- esplendor

- no queda nadie

 

Edito (5/8/11). Mi subconsciente esta noche me la ha jugado como nunca. He soñado que Raphael me cantaba esto. Así. Tal cual.  No negaré haberlo disfrutado porque…mentiría.

Published 31 julio, 2011 by Ohdiosa

¿Vivimos? No, a lo que me refiero es a VIVIR con mayúsculas. ¿VIVIMOS?

 

Conformismo. Vivir la vida que debemos vivir y no la que deseamos vivir.

 

¿Tenerlo todo nos hace felices? ¿O es lo que creemos? ¿O es lo que ellos quieren que creamos?

 

Entonces, ¿somos infelices porque lo tenemos todo o lo tenemos todo porque somos infelices?

 

¿Qué es lo que nos hace FELICES? ¿Existe acaso la felicidad? ¿La plena, completa y absoluta felicidad?

Te dejas…

Published 17 julio, 2011 by Ohdiosa

Amanece en el antro hasta donde has arrastrado tu cuerpo esta noche.

No recuerdas cómo has llegado y no sabes cómo te marcharás de allí.

Le sigues la corriente a un tipo que está tratando de ligar contigo desde hace media hora, con tu escote en realidad.  Le observas mover la boca pero no le escuchas y mantienes un diálogo interno contigo misma sobre si te lo tirarías o no.  Pides otra copa, por si las moscas.

Él te susurra algo al oído sobre lo cerca que está su casa y te toma de la mano. Te dejas llevar. Te dejas.

La exquisitez de vuestros cadáveres caminando por vacías avenidas, rostros pálidos y ojerosos, la prisa dirige vuestros pasos.

Y al entrar en su piso y cerrar la puerta te empuja contra la pared colocando tus brazos sobre tu cabeza, atrapando con fuerza tus muñecas, te besa, te muerde y te dejas llevar. Te dejas.

Y clavas tus uñas en su espalda, para que su piel guarde tu recuerdo aunque sólo sea durante unos días.

Te arranca la ropa y con ella pierdes algo de tí, ese algo que te repite que no deberías estar allí. La voz vuela junto con tu falda y se calla. Y te olvidas de todo. De todos.

Y gimes al sentir el contacto de sus manos en tu piel y te dejas llevar.

Te dejas.

Tierra trágame #4

Published 14 julio, 2011 by Ohdiosa

De esto que a tus veintitantos te encuentras retozando alegre y castamente, eso siempre, que una es muy decente, en el coche con tu pareja. Habeís aparcado estratégicamente en una explanada que hay junto a tu casa y la fría noche invernal os resguarda.

Que si jijiji, que si jajaja, en esto que te da por mirar a alguien que camina torpemente entre los coches y descubres con horror que ese alguien es tu abuelo. Recuerdas que hoy es martes y por lo tanto toca la cena familiar semanal (que tú te has saltadoalegremente argumentando que estás haciendo horas extra en la oficina).

Le comentas a tu acompañante que el que va por ahí es tu señor abuelo y que se quede quietecito. Te esconde entre sus brazos no vaya a ser que a pesar de los 80 años que se gasta tu antecesor, le dé por desarrollar esa noche una visión nocturna que ni la de una lechuza y te encuentre ahí, en una posición difícil de explicar y pierdas para siempre su cariño y la parte de herencia que te corresponderá en un futuro.

Silencio absoluto, no te mueves ni un centímetro, y entonces escuchas a tu compañero susurrar entre dientes un “cariño, no me lo puedo creer, tu abuelo está meando delante de mi coche“, mientras te tapa los ojos con su mano y continúa “no mires…

Agradeces el gesto porque sabes que la situación ya te está traumatizando sin verla así que como para guardar una imagen en tu memoria de aquello, y rezas a los dioses en los que no crees para que la cosa termine pronto. Y termina. Y el abuelo sigue su camino hasta el coche y se marcha, y sabes que si después de aquello tu pareja te sigue mirando de la misma manera…es amor verdadero* y lo demás son gilipolleces

Mi consejo es que cuando seaís mayores tengaís cuidado de dónde os pilla la llamada de la naturaleza, sin daros cuenta podeís arruinarle la vida a alguno de vuestros vástagos.

 

 

 

*que uno mide el amor que alguien le tiene como mejor considera, y aquello era prueba vital que para bien o para mal el muchacho no llegó a superar, pero ahí queda semejante historia para el recuerdo.

Mi domingo

Published 10 julio, 2011 by Ohdiosa

Siempre admiraré a aquellos que saben aprovechar y disfrutar de la soledad. Aquellos que saben sacarle el jugo, hacerla suya.  A mí me resulta imposible.

Y ahora que parte de mis amistades más cercanas han emigrado a otros países en busca de una oportunidad laboral y que mi familia anda fuera de vacaciones empiezo a darme cuenta de lo peligroso que es sentirse solo.

La casa, en completo silencio, deja de ofrecerme su protección y ese halo cálido y cómodo con el que hasta ahora me abrazaba cada vez que entraba por la puerta, ahora me inquieta y me inspira una desazón que no sé cómo explicar. Enciendo el televisor en el salón y la radio en la cocina a un volúmen bajo, lo justo para que las voces que transmiten arrullen un poco mi corazón y me tranquilicen. Pero el invento no funciona.

Salgo de casa y  me siento en la terraza del bar que hay justo detrás, pido una cerveza, lío un cigarro y me parepeto tras un periódico lleno de noticias sobre desgracias humanas, campañas políticas y victorias deportivas.  Leo aunque estoy demasiado distraída con mis propios pensamientos como para entender las palabras que hay frente a mis ojos.  Las conversaciones de las mesas de alrededor apaciguan un poco el sentimiento de soledad. Alguien se acerca a pedirme el mechero. El camarero me trae un plato con cacahuetes apoyando en sus labios un “para la joven solitaria, invita la casa”. Sonrío amablemente, no sabe cuánta verdad hay en sus palabras.

Las animadas charlas se convierten en un murmullo interrumpido de vez en cuando por alguno de los pocos coches que circulan a estas horas de la tarde, por las palomas que revolotean cerca esperando encontrar algo que comer, por el golpeteo fuerte y repetitivo del bastón de un invidente que pasa junto a las mesas, las voces de los niños que juegan entre las sillas.  El calor aprieta y pido otra cerveza, busco el artículo de Pérez – Reverte en El Semanal. Lío otro cigarro.  Leo pero sigo sin enterarme de nada.

Y ya no sé si es la soledad lo que me mantiene sumida en este extraño estado de ansiedad o la fatal noticia que recibí el viernes.

A pesar del calor permanezco allí cerca de dos horas y media con tal de no volver a encontrarme con la oscuridad y el silencio de mi casa. Sé que tendré que acostumbrarme a esto. Que esto es lo que me espera a partir de ahora.  Pero cuesta.

Y ahora ya no admiro sino que maldigo, llena de envidia, a aquellos que conocen el secreto para sobrellevar el trance y no lo comparten…

 

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